Heidegger en su texto se interroga por la esencia de la obra de arte, es decir lo que ella es. El origen de ella se encuentra estructurada en la relación de la causa y el efecto, a saber: el artista y la obra, los cuales deben su nombre al arte y sin este no habría artista ni obra, de manera que entran en estrecha relación arte, artista y obra.
El capitulo cinco (5) del libro Nietzsche y la filosofía, escrito por Gilles Deleuze, se titula Contra el pesimismo y contra Schopenhauer; en éste, el autor expresa que la filosofía de la voluntad posee un matiz afectivo deplorable, esto es: la esencia de la voluntad se descubre siempre con tristeza.
En el paso o transición que se da del paleolítico al neolítico, en cuanto al arte es tomado por muchos como insignificante, sin embargo el hombre da pasos importantes hacia la construcción de un mundo de significados. Uno de gran valor es precisamente la construcción de estas redes de significados que se dan en un pensamiento religioso, más allá de la magia para dar cuenta de ciertos fenómenos o intervenir en las relaciones causales. Esto representa la construcción de una cosmovisión, una teogonía y una teodicea, un entramado.
Lo primero que llama la atención en el primer apartado del texto es el uso del término “Ciencia estética” entendida como: asumir la conciencia de la intuición más allá del aspecto lógico o formal con la que puede ser tratada tradicionalmente.
Muchos de los problemas con que nos topamos a la hora de reflexionar con respecto a algo tiene su origen en el descuido que cometemos al no demarcar, delimitar o definir las nociones que usamos. Cuando esto sucede presuponemos lo que queremos decir o que sospechamos lo que algo significa, incluso creemos lo que significa para nosotros según la mera experiencia, esto trae como consecuencia que no se tiene idea de lo que se dice o que se hacen relaciones desde fundamentos inestables.