El autor en su primer capítulo hace una amplia descripción del cuadro “Las Meninas” de Velázquez, revisando punto a punto y en detalle, las características desde la iluminación y distribución de los elementos, hasta las expresiones y acciones de cada personaje incluido en la creación del pintor español.
Tradicionalmente consideramos la realidad, desde eso “otro” que poco guarda relación con nosotros, aquello que es dado, sin embargo la realidad, comprendida desde lo humano, tiene más que ver con nosotros, con el mundo que hemos creado, con aquello al que le hemos dado significado, que dice algo de nosotros y de nuestro tiempo.
Muchos de los problemas con que nos topamos a la hora de reflexionar con respecto a algo tiene su origen en el descuido que cometemos al no demarcar, delimitar o definir las nociones que usamos. Cuando esto sucede presuponemos lo que queremos decir o que sospechamos lo que algo significa, incluso creemos lo que significa para nosotros según la mera experiencia, esto trae como consecuencia que no se tiene idea de lo que se dice o que se hacen relaciones desde fundamentos inestables.
Encontramos en el arte antiguo no solamente una expresión humana, sino una reflexión por el mundo que nos rodea, al principio más relacionado al ámbito de la naturaleza y su imitación, pero luego al hombre, su existencia y estructura social. Sus trazos se van “perfeccionando” en la medida en que la sociedad iba adquiriendo una estructura cada vez más complejo. De una u otra forma estas expresiones iban de la mano con la reflexión por la naturaleza y el hombre.
Apuntes Biográficos[1]: Nació en Maracaibo, Estado Zulia, el año 1925. Realizó sus estudios de Secundaria en el Liceo de Aplicación, el Liceo Fermín Toro y el Liceo Andrés Bello de Caracas. Su título de Licenciado en Filosofía lo obtuvo en la Universidad Central de Venezuela, como integrante de la Primera Promoción de la Facultad de Filosofía y Letras, el año 1950.