El arte, “no debe concebirse de ningún modo como algo puramente secundario o instrumental en la historia de la cultura”[1]. El autor encuentra en el desarrollo artístico un motor del desarrollo del pensamiento y de la civilización.
A partir de la lectura del los parágrafos 512 y 513 de Voluntad de Poder, y teniendo en consideración lo discutido en clases y las lecturas trabajadas durante el Seminario, en especial la Introducción que hace Danilo Cruz Vélez: El puesto de Nietzsche en la historia de la filosofía; podemos decir que, al Nietzsche partir del “yo” -no del “yo” cartesiano, si no más bien de un yo que “quiere”, que “vive” y que le da valor y sentido al mundo. Este yo no es el “ego cogito” si no el sujeto de los apetitos, las pasiones, los instintos, los impulsos.
Cuando Nietzsche hace referencia a Dionisio y a Apolo, no debemos pasar por alto algunas características arquetípicas o de sus respectivas personalidades. Los dioses griegos no son una simple explicación a fenómenos naturales, sino que además llevan consigo una proyección de lo humano, las sociedades occidentales tienen mucho del olimpo y nuestra propia vida tiene mucho de la Odisea.
Uno de las palabras más usada en los discursos políticos en la historia es “pueblo”, combinadas con arengas y justificando cualquier cantidad de atrocidades y gobiernos totalitarios. En este artículo tomaremos una reflexión que hace Cecilio Acosta sobre la noción de pueblo y cómo este es usado para opacar o aislar a una parte de la totalidad, que normalmente le es útil para hacerse con el poder. Es un tema que no pierde vigencia en nuestra actualidad y que parece amenazar con seguir ocurriendo.
En trabajos anteriores hemos abordado algunos de los elementos que configuran una estructura republicana y la relación de los ciudadanos con el poder. Sin embargo debemos reconocer que una de las características principales de la deliberación, discusión, encuentro, reencuentro, diálogo y la estimulación de consensos pasa precisamente por una estabilidad que permite una dinámica. Esto es en el caso del filósofo la interpretación y resignificación de nuevas realidades, y en el caso del poder y los ciudadanos la reestructuración normativa.